Estaciones

Estación 4: Pizzería La Mezzetta

Martes 13-Noviembre, 2012, 9:30 PM – Ciudad de Buenos Aires.

En 1939 se fundaba La Mezzetta… frente a la tercera casa colectiva del Hogar Obrero, aquella torre de la época que aún se muestra indemne en la Av. Alvarez Thomas, a metros de las famosas 6 esquinas, donde Chacarita, Ortúzar, Colegiales y Belgrano se miran las caripelas y se baten a duelo.

LO MEJOR: La Fugazzetta es una catarata de queso, cebolla y orégano, nene.

7porciones

LO PEOR: Todo bien con comer de dorapa, pero alguna sillita no vendría mal.

Ubicación: 8 Ambiente: 9 Atención: 10 Calidad: 10 Precio: 9

Puntaje Pizzero: 9,2

Imaginamos aquellas tranquilas calles, alejadas pero a la vez cerca del ya transitado barrio de Belgrano. Cuando todavía no existía una de las más famosas discotecas de la noche porteña a muy pocos metros, la gente del barrio se hacia una escapada para pedir una porcion de muzzarella.

Y hablando de “La City”… Uno de los amigos del grupo recuerda: “En la época de la adolescencia, haciendo cola para entrar, picábamos algo o alguno que lo “revotaban” se quedaba comiendo y esperaba para entrar más tarde (con suerte, ya que a fines de los 80 y principios de los 90 había mucho rebote en los boliches lamentablemente)”

Queremos creer que nuestro amigo  se quedaba en  la pizzería con el que lo rebotaban y no se metía a la disco diciéndole “nos vemos luego”, ¿no?
Pero bueno, lo importante es que hoy es un padre de familia y sigue yendo con sus hijos a degustar los manjares mezzeteanos.

Antes de entrar en este reducto ya sabíamos que había una limitación: O comés de dorapa o te llevás la pizza a tu casa… y a quejarse a la iglesia. De todas formas, hay que decir que tiene su onda. En el salón se ven taxistas, grupos de amigos y otros transeúntes haciendo cola ansiosos por hacer sus pedidos. El de la caja te sonríe, te da el ticket y seguís la línea del mostrador donde uno de los maestros pizzeros corta porciones a la velocidad que un cajero de banco cuenta billetes.

A alguno le puede resultar incómodo, pero que te entreguen las porciones separadas en platos de metal distintos de acuerdo al gusto te hace dar más ganas de comer. Te las llevas a las mesitas contra la pared y enseguida te das cuenta que con 2 o 3 porciones vas a quedar más pipón que Homero en tenedor libre.

Desde ya les decimos: amantes de la masa bien finita a la piedra… abstenerse. Van a huir despavoridos… en ambulancia. La Fugazzeta es de una anchura y una altura que no se pueden creer. La muzzarella (buena) brota como lava de un volcán, las cebollas parecen hinchas saliendo rápido de la cancha tras un espantoso 0 a 0. El orégano, más que abundante.

Bien los otros gustos: muzza, jamón, anchoas, todas cumplen su misión. ¡Macho, traeme las Quilmes para apagar este placentero fuego gástrico, por favor!

La sobremesa tuvo que hacerse en la vereda (uno del grupo cometió la osadía de salir con el vaso de birra pero damos fe que lo devolvió) y después en la heladería de enfrente porque, como dijimos antes, el espacio del local es escaso, sillas y mesas no hay, y la clientela es multitudinaria.
El paso del tiempo no pareció hacer mella en esta emblemática pizzería… Los recuerdos de infancia y adolescencia afloraron a cada mordisco. Nos fuimos satisfechos por lo deglutido y por haber levantado el nivel luego de las 2 estaciones anteriores (igual vayan tranquilos a Nápoles y Cuartetas, acuérdense que somos exigentes).

Para el que le gusta la masa entera, esta es definitivamente una gran opción. Y fugazzetta como esta va a ser difícil encontrar mejor, aunque, quédense tranqui, lo vamos a averiguar…