Estaciones

Estación 16: Pizzería San Antonio

Jueves 11-Septiembre 2013, 9.30 PM – Buenos Aires.

San Juan y Boedo antiguo, y todo el cielo, Pompeya y más allá la inundación….
Seguramente para nuestros más jóvenes seguidores estas son sólo palabras hiladas y desconocidas, pero para muchos, que ya peinan algunas canas como nosotros, traen a la memoria las primeras estrofas del tango Sur de 1948, escrito por Homero Manzi y Anibal Troilo.

LO MEJOR: La simpleza de una buena pizza, contundente como el 2×4.

7porciones

LO PEOR: En una esquina tan tanguera uno esperaría más cuadros alusivos vistiendo las paredes…

Ubicación: 8 Ambiente: 8 Atención: 9 Calidad: 9 Precio: 8

Puntaje Pizzero: 8,4

Este tango, mundialmente famoso y uno de los más reconocidos en nuestra tierra, pinta de cuerpo y alma aquellos entrañables años de arrabal.

Y si comenzamos hablando de Tango, que barrio más tanguero podríamos mencionar en la Capital Federal que no sea el barrio de Boedo.

Osea, igual de tanguero puede ser (¡La Boca, Pompeya y demás, no nos coman la yugular!) pero más lo dudamos. Allá en el sur, donde aún en alguna antigua casona se escuchan los ecos de un viejo  bandoneón.

Y hacia esa tierras de milonga y arrabal se encaminó esta vez la Caravana, para probar una pizza que nos habían recomendado desde hace tiempo y que tiene la mejor de la publicidades: el boca a boca..

La noche estaba lluviosa y destemplada, pero como siempre salimos todos los integrantes de las diferentes puntas de la ciudad para juntarnos a la hora señalada en la esquina de Av. Garay y Boedo.

Debemos mencionar que a pesar del complicado tránsito de la city porteña, llegar desde cualquier punto a la Pizzeria San Antonio, por lo menos por la noche, es relativamente rápido, ya que las avenidas brindan un buen acceso, si los semaforos te lo permiten, y si sabés combinar las líneas de subte deberías llegar al destino indicado.

Ya estábamos todos juntos, una vez más, en la estación nro. 16, en pleno  barrio de Boedo, tierra azulgrana, donde hace apenas algunos años y a pocas cuadras se hallaba el Gasómetro, mítico estadio Cuervo, hoy devenido en supermercado.

Los colegas odontológicos, Diego y Fede, llegaron primeros para sentarse  y seguir hablando de implantes y pacientes. Diego y Maxi, llegaron después para sumarse al banquete, y por último Pablito, el padre primerizo (los que son padres entienden por qué), llegó bajo la lluvia, Para que no crean que todos somos burgueses.

El lugar es una típica pizzería de barrio que data de mediados de la  década del 50, y se mantiene con las mismas características de la época. Amplio mostrador en L y el salon que da a la esquina con una típica puerta vaivén. Hoy nos acompaña un buen Led de 32 pulgadas, aunque imaginamos que por aquellas épocas sonaba de fondo una vieja radio a transistores.

Y vamos a la pizza que para eso vinimos…
De arranque y de una, faina para todos y porciones de fugazzeta rellena, que viene al corte y cuadradas. Y como plato fuerte y grande de la casa, la autodenominada San Antonio.
¡Completísima, con todo! Muzzarella, tomate, morrones, jamón, longaniza, huevo, aceitunas verdes
y negras. ¡Una literal arma química! … y un pequeño detalle casi sutil, aunque muy importante…

Para no generar discordia en una mesa tan amena como la nuestra, la pizza estaba cortada en 10 porciones, osea 2 para cada uno, así nadie se quedaba sin repetir.

Los mozos de antes no sabrán sacar fotos con las novedosas cámaras digitales, pero no se le escapan esos pequeños detalles. Se aplaude la actitud.

De la bomba no quedó nada pero, satisfechos, ya no podíamos seguir con más, así que para bajar tanta masa, fuimos a los postres de la casa. Flan Completo y Torta de Mousse, ambos bien completos. Ah, cierto, ¿queríamos bajar lo que habíamos comido, no?

La atención es excelente y el clima bien barrial. Por ser un jueves de lluvia, el local estaba atestado en sus 2 plantas. Si es fin de semana vayan con tiempo para conseguir una mesa porque cotizan en Bolsa.

Los precios son ajustados sin doler demasiado y son la combinación  perfecta con un muy buen producto. Afuera sigue lloviznando, pero tenemos que volver a nuestros pagos desde el sur de la Capital, donde en aquella esquina arrabalera nos bendice San Antonio con su sabor.